15.7.12
8.7.12
Anteojos negros
Resulta que iba yo caminando muy tranquilamente por el lado soleado de una calle de mi barrio. El día estaba hermoso, fresco, pero ideal para pasear. Como de costumbre, llevaba mi gorrito preferido y mis gafas oscuras. De pronto, una linda rubia se aproximó desde la otra vereda, atravesando apurada la avenida. Al llegar a donde yo esperaba para cruzar en dirección perpendicular, la señorita estornudó. El "¡Salud!" me salió del alma. Su "Gracias" fue casi instantáneo. Y allí se quedó, parada en la esquina, como tratando de ubicarse, o buscando una calle. Me quedé observándola. Y habló.
-Aranguren y Espinosa es para allá, ¿no?
Dudé hacia dónde quedaba el cruce en cuestión, así que me saqué las gafas, puse la cara que ponemos todos cuando buscamos una dirección y apunté mi vista hacia el infinito. Como no estaba muy seguro y no quería mandarle fruta, me hice el tonto. La miré y le pregunté de nuevo por las coordenadas. Necesitaba comprar un poco más de tiempo para responderle. Ella repitió sonriendo.
-Aranguren y Espinosa.
Volví a mirar hacia enfrente y a la plaza. No estaba muy seguro si era para allá, o para allá. Y mientras yo pensaba y pronunciaba un largo "eeeehhhhh", ella habló de nuevo.
-Tenés lindos ojos, no deberías usar anteojos negros.
(...)
23.6.12
22.6.12
Los libros
"Los libros fueron mis pájaros y mis nidos, mis animales domésticos, mi establo y mi campo; la biblioteca era el mundo atrapado en un espejo: tenia el espesor infinito, la variedad, la imprevisibilidad”.
Jean-Paul Sartre
19.6.12
21
Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacia atrás abre grandes los ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos y Jano es de golpe cualquiera de nosotros.
J.C.
16.6.12
Muy cerca
-...y bueno. Eso es lo que pienso. Eso es lo que siento-, le dijo él.
Estaba un poco nervioso. Nunca antes había sido tan sincero con una persona del otro sexo. Para él era evidente que lo que sentía por ella era algo especial, algo que no había sentido por ninguna otra persona. Se habían escrito cosas muy lindas en los últimos meses y hubo situaciones, momentos, que los acercaron emocionalmente. Además le gustaba. Mucho. Nunca había dejado de pensar en ella desde el primer momento en que se habían visto, hacía meses. A pesar de los largos períodos en que habían estado sin verse en el pasado, el recuerdo de su sonrisa se hacía presente cada vez que tenía noticias de ella, cada vez que leía un mail suyo, cada vez que oía su voz por teléfono. Y en ese momento la tenía enfrente y estaba poniendo en sonidos lo que antes había expresado por escrito. Él le había pedido una respuesta un par de días antes y por correo electrónico y se la reclamó. Ella se negaba a darla a menos que la pregunta sea reformulada en ese momento. A él no le quedó otra que juntar coraje y decirle lo que pensaba, lo que sentía. Después de todo, no era algo tan difícil. Había esperado, deseado, ese momento por semanas. Tenía solamente que decirle las mismas cosas que le había dicho por escrito. Simple. Y esperar una reacción de parte de ella, que lo observaba atentamente pestañando sensualmente, jugando con su mirada, muy relajada en su silla. Él la miró fijo a los ojos por unos segundos y después comenzó a girar su vista en todas las direcciones mientras hablaba. Estaba sentado de costado, con un codo apoyado en la mesa y el otro en su respaldo. Sus manos se juntaban a la altura del pecho. Su pierna dejaba de moverse sólo cuando él se daba cuenta del involuntario sube y baja, típico de quién está ansioso. Su lengua se movía, su boca emitía sonidos. Supuso que frases al menos coherentes. Y de repente se encontró con que había dejado de hablar. Lo que tenía que decir ya había sido dicho. Se quedó quieto, miró hacia abajo. Su pierna había dejado de moverse. Alzó la vista y la miró a los ojos. Ella se incorporó en su silla. Enderezó su espalda, respiró hondo y se acercó a él, todavía con esa sonrisa sensual en la boca. Y habló.
-Es muy lindo lo que me decís. Siempre es lindo escuchar esas cosas...-, le dijo ella.
En ese momento la fuerte música del lugar se desvaneció, la gente de las otras mesas desapareció, el tiempo se detuvo, el mundo dejó de girar para él. El universo se resumía en ese pequeño rincón del bar donde estaban sentados los dos. Todo lo demás no existía. Él estaba en una especie de vacío en el que todo era estático. Estaba seguro que ella había comenzado a responderle, pero él no podía escucharla. Sus oídos sólo sentían el sonido de ese vacío. Allá, como a lo lejos, se escuchaba el latir de su corazón cada vez más fuerte. Su vista, nublada a todo lo que se ubicase a más de un metro de distancia, distinguía un solo movimiento: el abrir y cerrar de los labios de ella.
Él comenzó a recorrerla con la vista. Empezó en su cintura y continuó el recorrido por su panza y luego por su pecho. Siguió por su cuello, se desvió a los hombros, por el pelo y llegó a su cara. La miró fijamente a los ojos y bajó a su boca que seguía moviéndose. De pronto esa única acción cesó y dio paso a otra. Ella había dejado de hablar y sus ojos habían comenzado a posarse en él. En su boca y en sus ojos. Ella lo miraba, siempre sonriendo. Lo miraba a los ojos, bajaba la vista fugazmente a la boca y volvía a los ojos. Fueron unos segundos, pocos, tal vez dos o tres, pero una eternidad sin embargo.
Y volvió la música, la ruidosa gente apareció de golpe, el tiempo retomó su curso y el mundo comenzó a girar de nuevo. Él la observó. Ella estaba deseándole la boca. Y entonces las miradas se encontraron cuando la de ella subía a sus ojos y la de él bajaba a sus labios. Él se inclinó hacia delante y, sin dudar, la besó unos segundos y se apartó. Buscó de nuevo su mirada, buscó un gesto de aprobación. Ella seguía con los ojos cerrados. Acercó su boca a la de ella nuevamente y le dio otro beso, esta vez más corto. Y ella abrió los ojos. No hubo ni una palabra. Ella sonrió, se acercó más todavía y con su brazo rodeó el cuello de él. Llevó su mano a su cabeza y volvieron a besarse. Esta vez más intensamente. Él la tomó de la cintura y continuó con el beso. Luego se abrazaron fuertemente y se sintieron cerca el uno del otro. Muy cerca. Y así se quedaron por un largo rato.
4.6.12
Velociraptors*
Comienzo de espacio publicitario
"Casa Editorial Neptuno saca a la luz su primera publicación: Velociraptors, no todas las aves vuelan ∃(¬Fx), una revista semestral buena, bonita y barata ¿sobre dinosaurios? Sí; y también sobre divulgación científica, cine, filosofía, cultivo, letras y todo aquel datito nerd ahora convertido en la excusa para trazar un corte crítico sobre el entorno".
Si llegan a verla en algún kiosko de revistas, con 25 pesitos (lo mismo que un ferné en cualquier bar de la ciudad) se la llevan. Les garantizo textos bien escritos y por demás interesantes, como por ejemplo "Jurassic Park: el mensaje político detrás de los efectos especiales", entrevista a Germán Gasparini: "La investigación es la carta de presentación de cada país" y, dicen, una nota sobre autocultivo. ¡Conseguila antes de que se agote!
* "En inglés se escribe con una sola r."
Fin de espacio publicitario
31.5.12
La literatura es la libertad
"Una de las tareas de la literatura es formular preguntas y elaborar afirmaciones contrarias a las beaterías reinantes. E incluso cuando el arte no es contestatario, las artes tienden a la oposición. La literatura es diálogo, respuesta. La literatura puede definirse como la historia de la respuesta humana a lo que está vivo o moribundo a medida que las culturas se desarrollan y relacionan unas con otras.
Los escritores pueden hacer algo para combatir esos lugares comunes de nuestra alteridad, nuestra diferencia, pues los escritores son creadores, no solo transmisores de mitos. La literatura no solo ofrece mitos sino contramitos, al igual que la vida ofrece contraexperiencias: experiencias que confunden lo que creías creer, sentir o pensar.
Un escritor, me parece, es alguien que presta atención al mundo. Eso significa que intentamos comprender, asimilar, relacionarnos con la maldad de la cual son capaces los seres humanos, sin corrompernos -convirtiéndonos en cínicos o superficiales- al comprenderlo.
La literatura nos puede contar cómo es el mundo.
La literatura puede ofrecer modelos y legar profundos conocimientos encarnados en el lenguaje, en la narrativa.
La literatura puede adiestrar y ejercitar nuestra capacidad para llorar por los que no somos nosotros o no son los nuestros.
¿Qué seríamos si no pudiéramos sentir compasión por quienes no somos nosotros o no son los nuestros? ¿Quiénes seríamos si no pudiéramos olvidarnos de nosotros mismos, al menos un rato? ¿Qué seríamos si no pudiéramos aprender, perdonar? ¿Nos convertiríamos en algo diferente de lo que somos?"
Los escritores pueden hacer algo para combatir esos lugares comunes de nuestra alteridad, nuestra diferencia, pues los escritores son creadores, no solo transmisores de mitos. La literatura no solo ofrece mitos sino contramitos, al igual que la vida ofrece contraexperiencias: experiencias que confunden lo que creías creer, sentir o pensar.
Un escritor, me parece, es alguien que presta atención al mundo. Eso significa que intentamos comprender, asimilar, relacionarnos con la maldad de la cual son capaces los seres humanos, sin corrompernos -convirtiéndonos en cínicos o superficiales- al comprenderlo.
La literatura nos puede contar cómo es el mundo.
La literatura puede ofrecer modelos y legar profundos conocimientos encarnados en el lenguaje, en la narrativa.
La literatura puede adiestrar y ejercitar nuestra capacidad para llorar por los que no somos nosotros o no son los nuestros.
¿Qué seríamos si no pudiéramos sentir compasión por quienes no somos nosotros o no son los nuestros? ¿Quiénes seríamos si no pudiéramos olvidarnos de nosotros mismos, al menos un rato? ¿Qué seríamos si no pudiéramos aprender, perdonar? ¿Nos convertiríamos en algo diferente de lo que somos?"
Susan Sontag
10.4.12
Poesía
Tengo ganas de leer algo hoy. Me sangra la poesía por la boca.
(...)
La Poesía, ¿qué es?
Un hada bellísima, fanática, feroz, puesta sobre
la tierra exclusivamente para salvar el amor
humano y todos los amores.
(...)
La Poesía, ¿qué es?
Un hada bellísima, fanática, feroz, puesta sobre
la tierra exclusivamente para salvar el amor
humano y todos los amores.
Cartas de enero
Francisco Madariaga
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



